Hotel Rafael a una incierta hora de la madrugada
Un siete de diciembre hice una llamada para poner fin a lo que había sido mi vida durante muchos años, cuando colgué me preguté: ¿Donde estaré este mismo día el próximo año?.
Ni de lejos sospeché que a miles de kilometros en casa de una amiga que entonces no tenía, precisamente, en su fiesta de cumpleaños.
Aquel día te felicité y te di un abrazo. Hoy te digo felicidades y que me duele no estar cerca para repetir aquel abrazo.



